La primera vez que la música vallenata, una música de campesinos y vaqueros, recibió un gran reconocimiento en el mundo fue en México, durante las Olimpiadas Culturales y Deportivas de 1968. Alejo Durán, acompañado de Pablo López Gutiérrez y un conjunto tradicional, interpretó en su acordeón diatónico algunas de sus canciones venciendo así a todas delegaciones internacionales que formaron parte del evento mundial. Cochise Rodríguez, representante para la delegación deportiva, no obtuvo el mismo triunfo.
Tanto los hermanos Náfer y Alejo Durán, como todos los intérpretes del acordeón vallenato de principios de siglo XX, repiten la misma historia: robaban el viejo instrumento a sus padres campesinos o a sus tíos para sacarle unas notas a escondidas. Todos aprendieron a tocar de oídas, pocos sabían leer y escribir, pero la música de sus ancestros calaba hondo en sus venas y en su conciencia. Así se fue apoderando del país el sentir vallenato, como lo diría Rafael Escalona en una entrevista inédita: “El vallenato se regó como el bostezo, de boca en boca”.
Empezaban los acordeones a ser bienvenidos en las casas de familia de la región y la música compuesta por Escalona sonaba en registros de artistas más refinados que rescataban sus canciones para hacerles arreglos de orquesta y guitarra. Pero en la región del viejo Magdalena hervía el vallenato campesino, el de Alejo y Náfer Durán, de Lorenzo Morales y Emilianito Zuleta; el de Juancho Polo Valencia, y el del viejo Pablo López era una catarata sin fin.
Más de 20 años después, en 1982, una delegación de acordeoneros como Pedro García, Emilianito Zuleta, entre otros, llegaron a Estocolmo para acompañar a Gabriel García Márquez a recibir el Premio Nobel de Literatura, y el mundo reconoció el vallenato, se entendió esa frase tan repetida acerca de Cien años de soledad como un vallenato de muchas páginas.
Ya el Festival de la Leyenda Vallenata era un encuentro obligado. Consuelo Araújo Noguera salvaguardaba con su vida los cuatro aires, el vallenato-vallenato y una serie de particularidades que defendían la tradición mientras que la industria discográfica había puesto sus ojos en talentos como Jorge Oñate y los hermanos López, en Diomedes Díaz y en los Hermanos Zuleta. La revolución comercial se gestó en las décadas de finales del siglo XX y el vallenato se esparció por todo el país como la música de los colombianos.
La internacionalización, la fusión, el nacimiento de la mano de Carlos Vives del “Tropi-pop”, que tuvo su génesis en la dupla Vives-Cuadrado (un rockero costeño con un acordeonero tradicional de La Guajira), y la creación de premios comerciales como el Grammy Latino en categoría vallenato, todos estos momentos se fueron consolidando como triunfos del vallenato. Sin embargo, una preocupación se sentía entre los conocedores de siempre. ¿Se perdería del todo el origen?
Ahora, a pocos años de celebrar las Bodas de Oro del Festival de la Leyenda Vallenata un nuevo hecho internacional nos llena de emoción: el vallenato de caja, guacharaca y acordeón. Ese que suena en cuatro aires (o estilos) puya, merengue, paseo y son. Ese que se compone con las vivencias cotidianas, que se improvisa en la piqueria y que se alimenta del sentir campesino, ha sido declarado Patrimonio Inmaterial Universal en la Lista de Salvaguardia Urgente de la Unesco.
Esta declaratoria revive una vieja polémica sobre las amenazas de la desaparición de la música vallenata como portadora de identidad y tradición por una “pérdida de espontaneidad, descontextualización y acorralamiento” por el exceso de comercialización y masificación. En otras palabras, podríamos pensar que su éxito es su propia perdición. Sin embargo, es indispensable trascender este debate simplista en donde sobrevive una forma o la otra.
Sin lugar a dudas, obtener esta declaratoria es un triunfo del Ministerio de Cultura y del Clúster de Vallenato; de la administración departamental que ha apoyado el Plan Especial de Salvaguarda y de los participantes en la iniciativa, así como es un triunfo de los compositores, de las escuelas de acordeón Rafael Escalona y la escuela los Niños del Vallenato del Turco Gil; de la Fundación de la Leyenda Vallenata, que mantiene los concursos tradicionales de son, paseo, puya y merengue, de piqueria y canción inédita. Es un triunfo de una región que ha construido su fuerza cultural desde el talento de sus músicos tradicionales. La música vallenata no desaparecerá porque el reconocimiento que hace la Unesco hoy no es sino la demostración de que todos los que amamos el folclor de nuestra región vivimos para protegerlo y defenderlo.
El origen sigue presente, aunque las nuevas generaciones recorran otros rumbos. Mientras algunos intérpretes hacen experimentos comerciales que nos parecen exabruptos, existen guardianes de la tradición como Navín López, rey vallenato en varias categorías y homenajeado este año cuyo único objetivo es transmitir los sonidos de siempre. El origen del folclor vallenato es como un manantial donde nace el agua fresca, ya cuando llega al mar su pureza se pierde, pero ahí en el origen hay guardianes que celebran este nuevo triunfo internacional de la música de Francisco El Hombre.
Sara María Araújo Castro*
* Autora del libro “Dinastía López, los juglares de La Paz”.
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¿Cómo se logró la declaratoria del vallenato como Patrimonio Cultural de la Humanidad?
El primer paso
La postulación ante la Unesco se realizó durante tres años. En ese tiempo la comunidad de compositores, intérpretes y gestores culturales discutieron los pasos a seguir. Se realizaron conversatorios y visitas a Cesar, La Guajira y Magdalena.
Justificación
El vallenato es un género musical autóctono de la región Caribe colombiana, con epicentro en la antigua provincia de Padilla (La Guajira, Cesar y Magdalena) y en la región sabanera de Bolívar, Sucre y Córdoba. Su popularidad se ha extendido hasta el exterior.
La postulación
El proceso de postulación comenzó en 2014, cuando el gobierno colombiano, a través del Ministerio de Cultura y la Cancillería, envió a la Unesco el expediente para optar por la inclusión del género musical como Patrimonio Cultural de la Humanidad.
El escalón definitivo
En Windhoek (Namibia) el Comité Intergubernamental de la Unesco, compuesto por 23 países evaluadores, anunció ayer la inclusión de la música vallenata del Magdalena Grande en la lista de patrimonio cultural inmaterial en necesidad de salvaguardia urgente.
