Gritos de gol y abrazos de paz en la Plaza de Bolívar

La plaza de Bolívar ha sido por antonomasia el epicentro de caldeadas manifestaciones políticas y sociales en la capital. Basta con abrir los libros de historia para comprobar cómo el pueblo enardecido salió hasta ese lugar a cobrar venganza un 9 de abril de 1948 tras la muerte del caudillo Jorge Eliécer. Según la historia oficial, ‘El bogotazo’ no solo fue el momento en que se prendió la mecha del periodo de la violencia entre liberales y conservadores, sino que fue uno de los antecedentes del conflicto armado que aún sacude al país.

Desde entonces, en la plaza mayor, se congregan casi a diario quienes quieren hacerle reclamos al gobierno, o a los dirigentes políticos, o es el punto donde finalizan las marchas, los paros sociales, y como no, donde últimamente se han dado cita miles de ciudadanos para pedir por la paz.

Este jueves, un pedazo de la plaza Bolívar fue convertido en una cancha de fútbol. Se instaló un tapete de grama sintética y se acomodaron los arcos. Todo para un partido de fútbol bastante inusual. Si dicen que el fútbol es una ‘guerra’, en el buen sentido de la palabra, entre dos rivales, el juego que se celebró en el corazón de Bogotá, tuvo elementos poco habituales a los que se ven en las canchas de fútbol. Los dos equipos se unieron en los mismos gritos de gol, y los celebraron con abrazos por la paz.

Casualidad o no, se enfrentaban el equipo azul contra el verde, precisamente los colores de los equipos con mayor hinchada en el país, y cuyos ‘barras bravas’ han protagonizado episodios vergonzosos de violencia en las últimas décadas, dentro y fuera de la cancha.

Los azules, comandados por Juan Pablo Ángel, artistas como Tostao (de Choquibtown), el presentador Carlos Calero, el padre Linero, se medían contra los verdes, la selección nacional por la paz, liderados a su vez por otro artista, el catante Carlos Vives, e integrado por colombianos de todos los rincones que se han destacado, en sus actividades diarias, por contribuir a la paz y la reconciliación.

En este juego no había árbitro, y no porque el rol de impartir justicia sea secundario, sino porque en este encuentro no había necesidad de que un hombre vestido de negro sancionara faltas.

Tras reunirse por separado, los capitanes de cada equipo llegaron al centro del campo para negociar las condiciones del juego. Los azules exigían que tras cada falta, de haberla, todos ofrecieran disculpas, y que los goles fueran celebrados conjuntamente por los dos equipos. Los verdes, pedían que los goles fueran validados solo si había un trabajo colectivo, y pusieron mínimo cinco pases antes de marcar, y que el primer gol por equipo lo debía marcar una mujer. Firmado el acuerdo, el balón empezó a rodar.

Pero antes del puntapié inicial apareció del Palacio de Liévano el alcalde Enrique Peñalosa. La presentadora dijo que haría el saque de honor, pero el alcalde pidió pista. Y hasta lo dejaron jugar de titular, en el equipo azul.

Transeúntes de todo tipo empezaron a formarse alrededor de la cancha, para ver a los famosos. Y aunque fuera de la cancha se respiraba rivalidad, en el terreno todos abrazaban con cada gol. Yoleina Castro, una joven del Chocó, fue la encargada de marcar el primer gol, de tiro penal, para los azules. Nigeria Rentería, ex negociadora de paz, casi se luce al intentar atajar un penal.

Juan Pablo Ángel marcó el gol más bonito, la presentadora Cristina Hurtado también anotó y celebró con el ‘ras tas tas’, Carlos Vives marcó el 5-4 para los verdes y el padre Linero selló el empate definitivo, 5-5. Carlos Calero se ‘comió’ tres goles abajo del arco, y el alcalde Peñalosa trataba de sacar provecho del juego aéreo, aprovechando que, junto a Alejandro Santos, director de la Revista Semana, eran los de mayor estatura en la cancha.

Durante más de media hora, el partido de fútbol por la paz acaparó la atención de la Plaza de Bolívar. “Que Colombia sea una gran cancha de fútbol donde jueguen la paz y la reconciliación. La pelota no se mancha”, dijo Carlos Vives al pronunciar el pregón del encuentro, parafraseando a la famosa frase de Diego Maradona.

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